viernes, 18 de abril de 2014

Cambio de Hélice en motor Fueraborda

Hace tiempo que tenía ganas de cambiar la hélice del motor fueraborda montado en mi velero. Se trata de un MERCURY de 6 cv, 4 tiempos y el barco es un velero Polaco, un SPORTINA 620, un barco de 21 pies, 6,3 metros de eslora por 2,5 metros de manga y 1.150 Kg de peso sin tripulación.
 El motor funciona perfectamente, coge una velocidad aceptable, pero desde que lo tengo le noto que "le falta arrancada". Cuando meto marcha avante o atrás, el barco tarda en reaccionar y en consecuencia en coger arrancada. Igualmente, en marcha, llevo una sensación de que está batiendo el agua sin conseguir todo el rendimiento que se podría esperar de el.
 Esta falta de arrancada inmediata, se hace notar especialmente en zonas donde, como ahora, tengo el barco, La desembocadura del Río Piedras, en Huelva. Como zona Atlántica que es, las mareas son muchas veces de coeficientes muy altos, por lo tanto lleva aparejada unas velocidades en las corrientes muy altas. Esto es muy delicado a la hora de atracar o desatracar del pantalán. En coeficientes de marea por encima de 70, como no tengas una buena arrancada, te puedes ver bastante comprometido en la maniobra.

 Hice varias consultas al respecto. Unos me aconsejaron poner mas potencia de motor. Otros no lo veian adecuado decían que no resolvería el problema. Hice consultas al fabricante del motor y sus repuestas fueron un poco ambiguas.
Parece que la opción mas acorde era cambiar la hélice por una que figuraba en catálogo del fabricante, con un paso de hélice 6 pero con unas palas de mayor superficie y que son mas indicadas para motores que se montan en veleros. MERCURY las llama SAILBOAT, otras marcas la llaman High Thrust, Dual Thrust... Coloquialmente también las llaman orejas de elefante o Micky Mousse por el tamaño y forma de las palas.




 Con esta idea, me dirigí al foro Naútico "La Taberna del Puerto" y coloqué mi duda en el hilo "Necesito un experto en hélices fuerabordas" Como siempre ocurre afortunadamente en este foro, me llovieron respuestas basadas en la experiencia, que es de verdad, lo que te da los datos que se necesitan puesto que siempre hay alguien que ha pasado por este mismo problema. En especial, le quiero agradecer al cofrade Sputnik II tanto sus respuesta bien razonadas, como el interés que directamente se ha tomado por el asunto bien através del hilo abierto como por mensajes privados. Sus comentarios han sido determinantes.

 Pues bien, con estos datos, compré la hélice en cuestión y la coloqué en el motor en lugar de la hélice standar 7.8x8 que viene de fábrica, mas indicada para barcos que planean.

 He tomado datos de funcionamiento de velocidad, aceleración y ruido y este es el resultado y las conclusiones.
 Primeramente unas fotos que sirvan para ver físicamente la diferencia entre ambas hélices.


        Hélice standar 7.8x8                                                                      Nueva hélice paso 6 Sailboat


   













 Una vez vista la diferencia considerable entre ambas hélices, pongo un cuadrante donde se aprecia  la diferencia de funcionamiento entre una y otra. La prueba se hizo tomando como aparato de medida un navegador GPS de automovil y para ruido un aparato con opción de sonómetro colocado siempre a la misma distancia y orientación. La prueba se hizo en diferentes días aunque procurando que las condiciones de viento y corriente fueran las mismas.




MEDIDAS Y DATOS DE HÉLICE PARA
MOTOR MERCURY, 6cv 4t



HÉLICE 6cv, 4t
STÁNDAR 7.8x8
NUEVA PASO 6 SAILBOAT



Velocidad al relantí
2,4 Km/h (1,3 nudos)
1,6 Km/h (0.86 nudos)
Velocidad a ½ gas
6,7 Km/h (3,62 nudos)
5,8 Km/h (3,13 nudos)
Velocidad a tope de gas
9,7 Km/h (5,24 nudos)
9 Km/h (4,86 nudos)
Tiempo desde relantí a 1/2 gas
45 seg
27 seg
Tiempo desde  ½ gas a tope de gas
28 seg
20 seg
Tiempo desde relantí a tope de gas
27 seg
25 seg
dB a relantí
71 db
74 db
dB a ½ gas
79 db
83 db
dB a tope
96 db
95 db




Conclusiones:

Una vez cambiada la hélice y visto el funcionamiento, el cambio ha sido bueno. La arrancada que tengo ahora al hacer maniobras tanto marcha avante como atrás es fabulosa, la reacción es muy rápida, incluso puedo hacer girar el barco sobre su eje con mucha mas facilidad, así como cambios de 180º con fuerte corriente sin riesgo a grandes desplazamientos laterales.
 No tengo aparato para medir revoluciones, pero si se aprecia en el sonido que han aumentado. Al coger menos velocidad, tengo que dar mas puño para tener igual velocidad que antes.
 No llega a tener la velocidad que tenía con la hélice standar, pero si coge su velocidad en menos tiempo. Esto no me preocupa demasiado ya que lo fundamental para mi es mas la agilidad de maniobra que la velocidad punta.
 Saliendo de la ría a mar abieto, hay cierto oleaje debido a la poca profundidad del canal de salida. Pude apreciar que remonta las olas mejor, la marcha es mas constante, el barco se frena menos que antes.

Durante la marcha, la estela que deja la hélice en el agua parece que deja menos burbujeo de aire y aunque el aparato de medidad, me da algunos decibelios mas, yo diría que el ruido del motor es mas redondo, mas fino, por llamarlo de alguna manera. También noto algo de menos vibración.

 Donde mejor se aprecia el rendimiento de esta hélice es en el rango que va desde  relantí a medio gas y si me apuras hasta 3/4 de gas. Es aquí donde aprecio que el motor se mueve con mas alegría y con una respuesta inmediata al manejo del puño.



                                                      Hélice antigua a 3/4 de gas
                                                                                 









                

              Hélice Nueva a 3/4 de gas





 En definitiva, creo que el cambio ha sido a mejor, visto las necesidades que yo tenía. No obstante, seguiré observando el funcionamiento por si creo necesario incluir o modificar algún dato.

Nota

Hago esta anotación después de varios meses usando esta hélice. Como he comentado esta hélice de empuje va muy bien para las zonas como la mía con mucha corriente en la que la respuesta ha de ser inmediata. En principio, la falta de velocidad no es un problema, pero si hay que anotar un par de detalles a tener en cuenta.
 Si el barco lleva peso, por ejemplo cuatro pasajeros, la velocidad se reduce considerablemente, el motor necesita mucho gas y en consecuencia el ruido es mayor.
 Igualmente, si la obra viva está sucia, este efecto se aprecia considerablemente, entonces se echa de menos la hélice normal.
 De momento, como he aprendido a dominar mejor las maniobras, he vuelto a cambiar a la hélice original, mas que nada por ir menos revolucionado aunque pierda arrancada.


 Galería de fotos: 


 
                                                                                                   

 





lunes, 30 de diciembre de 2013

Un maravilloso día de navegación



Hay días que salen perfectos. Se convierten en una experiencia única, y simplemente es por que se han dado las circunstancias adecuadas para que sea así.

 Hace unos días salí a navegar como tantas veces. Siempre es un placer hacerlo. Llevo haciéndolo muchos años y siempre voy con la misma ilusión y me vuelvo, terminada la jornada agotado de placer. Hace ya muchos años que me entró este vicio en el cuerpo y creo a día de hoy, que no tiene cura ni solución... Tampoco lo intento.

  La noche anterior me quedé a dormir en el barco. La primera vez que lo hice, tenía un cierto temor a levantarme dolorido o a no dormir bien. Ya no soy un chaval y estas cosas luego pasan factura. Pero no, dormí de maravilla y me levanté aun mejor.

 Contemplé el atardecer y como caía el sol. Es una visión, que por mucho que la contemples no deja de fascinarte. ¿Cuantas fotos tendré de la misma caida de sol...?




 Los sonidos de un puerto de noche son maravillosos. Las drizas golpeando al ritmo del viento  contra los palos, los cabos de amarre crujen, los peces se alborotan. Todo forma parte de una sinfonía náutica maravillosa.

 Me levanto temprano. Hace una hora que ha amanecido. La noche deja paso a un día resplandeciente.



 Me gusta la luz de la mañana. El olor de la mañana.

 Es diferente. La vida empieza a fluir y yo me siento parte de ella.

 Es el mejor momento. En las horas tempranas siempre me viene la misma imagen a la cabeza; mi Madre. La he visto tantas veces levantada de amanecida alrededor de sus plantas, disfrutando de esos momentos a solas, que muchísimas veces he evitado ir a saludarla. Ya lo haré después, o cuando vuelva… no le voy a romper ese momento.

 Desayuno a continuación en el bar. Sigue siendo temprano. La gente saluda diferente, mas amable, como con cierta complicidad horaria. La pena es que esta magia se irá rompiendo a una velocidad directamente proporcional al avance de los minutos y horas del día.
 

  
 Junto a mí desayunando, me acompañan un par de gorriones. Los observo, están agitados. Veo que les gusta el pan con aceite. Uno de ellos parece más pícaro, siempre se adelanta al compañero y le roba el pan que les tiro.
 Es descarado, incluso me sorprende y viene a colocarse en el respaldo de la silla que tengo junto a mí. Continuamente salta a la mesa, coge su bocado y vuelve al respaldo.



 Salgo pitando, quiero volver al barco y aprovechar las horas en el agua. El mar está plano, el viento aún no se ha despertado. No me importa, quiero que me pille en el agua cuando venga.
 Arranco el motor y mientras espero a que se caliente empiezo el ritual. Preparo los cabos, la radio, el piloto, quito la funda de las velas…etc.

 El cuerpo ya me late al mismo ritmo que suena el motor.

 Los marineros del puerto siempre  dispuestos a echarte una mano para soltar cabos y ayudarte en la maniobra vienen aunque no los llames. Si te ven desde su torre que estás haciendo preparativos, ya están en tu proa. Con sus bicicletas aparecen rápidamente siempre amables.

 Salgo del pantalán y enfilo la bocana del puerto, subo de ritmo el motor, mi cuerpo se acelera igualmente. Disfruto con cada maniobra, con cada cambio.
 Una vez fuera, una floja brisa de aire riza levemente el agua doscientos metros a mi popa, pero se desvanece antes de alcanzarme. El sol se refleja en el agua de forma que parece un espejo.
 Con esta luz de la mañana, los colores son mucho mas intensos, mas vivos y yo quiero todos los colores del día para mí.

 El día sigue en calma, las velas no hacen su trabajo y como el motor, sólo lo uso lo imprescindible, decido acercarme a la orilla de la flecha, echar el ancla y darme un baño. El agua está transparente y a estas horas aún no ha llegado la gente y el alboroto Tomo posesión del territorio que piso como si fuera un conquistador que llega por primera vez.

 


















  Al alejarme andando por la arena, veo el camino que he ido dejando y el paisaje que tengo ante mí. Cuatro colores fundamentales: El verde de los pinos, el azul del cielo, el tostado de la arena…y el agua. Estos cuatro colores representan gran parte de mi vida.





Soy consciente de que este terreno en el que dejo mis huellas no me pertenece. Ni a mi ni a nadie. Este terreno pertenece al mar y a las mareas. En poco tiempo, mi rastro desaparecerá como si nunca hubiera estado allí por arte y magia de la subida de la marea. Es así rítmicamente cada doce horas desde que el mar es mar, una fuerza imparable que llena de vida las orillas, mezcla el agua salada de entrada con la dulce de la ría y enrriquece la vida del entorno.
 Desde pequeño, la influencia de las mareas ha sido importante. Para el juego, para la navegación, para la pesca...
 Muchos paseos por la playa durante la bajamar, me viene a la memoria y hago mía una frase de la película El príncipe de Las Mareas, "Mi alma pasta como un cordero en la belleza de las mareas que suben..." 


 Después de un largo rato, empieza a soplar la brisa ya de un modo constante. La conozco, esta vez ha venido para quedarse, así que es el momento de levantar velas y salir a mar abierto.

 Génova y vela mayor. Orza y timón. Aquí el barco demuestra para lo que está hecho, la magia de la física y la naturaleza unidas. Viento, velas, empuje, deriva y la proa cortando el agua. El barco navega por si solo, amurado a estribor. El viento sopla a unos cinco nudos por el través. Produce una leve escora que levanta una espuma blanca por el costado de babor, todo acompañado de un sonido  y una cadencia bien acompasada.



 Pongo rumbo oeste. En el horizonte, Isla Cristina. Mas allá el Río Guadiana y Portugal. No tengo prisas. Siempre acostumbrado a medir el tiempo de los desplazamientos en la vida normal, aquí ese concepto no existe, un velero no está concebido para ahorrar tiempo.
 Navego, navego, navego…El correcto trimado de las velas deja de importarme demasiado. El barco avanza y avanza y yo encuentro el momento de soledad, relajación y felicidad que de pronto me invade y pienso: “Todo el mundo debería conocer esto”. Doy gracias a todos y a todo. Hay mucha gente implicada en que hoy pueda contar esto, ellos bien lo saben.


Un impulso me lleva a continuar y a no pensar en nada mas hasta que transcurridas las horas, caes en la cuenta que has de volver tarde o temprano. Es inevitable, pero antes de poner rumbo de  regreso, deseo hacer una cosa. El color que tiene hoy el agua es increíble, mezcla entre azul y verde. Te hipnotiza, la acaricias con la mano por la banda de sotavento y sientes su frescura. Hecho el ancla y me zambullo con todas mis ganas, dejo que el agua me abrace hasta que no puedo mas y salgo a respirar.
 A seis metros de distancia y a ras de agua se ve el barco como tu único aliado, se balancea suavemente. Nadando lo rodeo en todo su perímetro, la transparencia del agua me permite verlo por toda la obra viva y mentalmente tomo nota de las mejoras que necesita.

 Después de un buen rato fondeado y medio adormilado por el mecido de las olas, me dispongo a recoger para emprender de nuevo la vuelta a puerto. Dieciocho metros de cabo y cadena me separan del fondo donde estoy anclado. Lentamente voy recuperándolos hasta que veo el reflejo del metal bajo la superficie y termino de izarla hasta colocarla en su alojamiento.

De nuevo a bordo. Despliego velas de nuevo. Ya en marcha, aun mojado, la brisa se nota en el cuerpo con mas intensidad y provoca de forma automática que se te abra el apetito. Es hora de una cerveza bien fría. Otro color mas que añadir, amarillo y espuma blanca, fundamental a bordo y entra de maravilla.

 De nuevo velas arriba. Ahora me impulsa un viento por la aleta de estribor que el barco agradece, lo siente como una caricia y me lo devuelve en forma de avance constante dejando una hermosa estela por la popa.
…así continuo. Ya diviso la boya de recalada. La entrada a la ría. Enfilo hacia ella y al llegar a su altura, no contento aún, decido avanzar un poco mas. Este viento sienta tan bien que me resisto a  abandonarlo sin aprovecharlo un poco mas. Aquí, las palabras “prisas y reloj” dejan de tener significado.
 Paso junto a otros barcos que andan por la zona. En todos me fijo, siempre se aprende algo de cada uno. Nos saludamos cordialmente al paso, da igual el tamaño del velero, la afición es la misma y el saludo es prácticamente inevitable.


 

 Vuelta a puerto, ya es hora de volver. El día ha dado bastante de si y queda que recoger y dejar ordenado todo el barco. Timón a babor y una suave trasluchada me pone la boya de recalada en proa.



 A través del canal balizado voy dejando atrás el mar y entrando al río. A dos millas ya diviso el puerto y la corriente de la pleamar se vuelve mi aliada para acompañarme en el último trayecto.
 A poca distancia de la bocana comienzo la maravillosa rutina de vuelta. Multitud de barcos se cruzan conmigo y espero el mejor momento. Conecto el piloto automático, arranco el motor y lo pongo a un cuarto de gas, a continuación recojo el Génova con la ayuda del enrrollador y seguidamente arrío la mayor colocándola en su bolsa. Cabos recogidos, defensas en posición, todos los enseres en sus alojamientos correspondientes y todo preparado para que nada entorpezca la maniobra de atraque.
 El barco así, sin velas parece desnudo; el motor lo hace avanzar pero en perfecta verticalidad cuando su estado natural debe ser algo de escora aunque sea muy leve.

 Entrando por la bocana dirigiéndome a mi calle, de pie en la popa y la caña en la mano, me gusta imaginarme que soy un navegante que llega después de días y días de navegación buscando el refugio y el descanso de un puerto abrigado.
 Me despierto o me despiertan, el canal 73 suena en la radio. El marinero de turno te ha visto entrar y pregunta si quieres ayuda. Lo hacen por rutina, por que normalmente van a tu puesto a esperarte. La mayoría de las veces le digo que no es necesario, me gusta perfeccionar la maniobra de atraque por que soy muy cabezón, confieso que no se me da nada bien. El día que la domine correctamente, entonces pediré ayuda para la maniobra!!!
 La cosa ha ido bien, la corriente que genera la pleamar me ayuda y me sirve de freno. Con el impulso que llevo es suficiente. Fuera máquina. Motor en punto muerto. Pie en pantalán y rápidamente engancho las amarras, primero a proa, luego a popa.
 Mientras me estiro de pie en el pantalán, viendo el barco en toda su eslora desde la proa, el motor sigue con su sonido de cuatro tiempos al ralentí. “Yo también he cumplido mi misión” parece decirme y la verdad es que se agradece que no falle nunca, te da una seguridad plena.

 Toca ahora la tarea final, recogida de todos los artilugios, apagado del motor, desconexión de los aparatos electrónicos…etc. Confieso que esta faena me da pereza, me entran ganas de irme y dejar todo como está, pero se que en un barco, si no haces las tareas finales, se pagan caras las consecuencias además de que creo que se lo debo como agradecimiento por todo lo que me aporta.
 A muchos les puede parecer extraño, pero siempre les cojo cariño a las cosas materiales cuando me aportan grandes satisfacciones. Coches, motos, bicicletas…etc. Creo que tienen alma y me devuelven satisfacción en la misma medida que yo los cuido o estoy pendiente de ellos. Así que recogida toca. Endulzar los cabos, el motor, la cubierta y demás elementos. Un poco de engrase donde se necesita, un tornillo que necesita apriete, la idea de alguna mejora que te llevas en la cabeza…Son 21 años los que tiene, se conserva bien. Era yo un jovencito cuando él ya navegaba y yo no tenía conocimiento si quiera de que existía y menos que fuera a ser mío algún día, aunque si podia estar seguro de que soñaba con él.

 Terminada todas las faenas, mochila a la espalda, camino cansado ya de vuelta por el pantalán. Cada veinte pasos me vuelvo hacia atrás, lo veo cada vez mas lejos y ahí se queda en compañía de los otros barcos. Confieso que alguna vez me he vuelto, he arrancado el motor y me he dado una última vuelta por el puerto.

…dice mi mujer que lo quiero mas que a mis hijos...

Mientras medito la pregunta, ella inteligentemente me da la respuesta: “Eso es por que sabes que yo estoy detrás de ellos mientras tú no estás” Trago saliva y me siento aliviado por no tener que responder.

De vuelta a casa, ya en el coche mi cabeza lleva dos pensamientos. Cuando tendré la próxima ocasión de volver y alguna mejora o idea que pueda mejorar algún aspecto del barco.
 Así termina este día, cansado pero muy pleno. Esta afición mezcla el deporte con el amor por una forma de sentir, tanto que como he dicho en varias ocasiones, ha sido determinante en mi desde que era un niño cuando empecé. Por eso, quien me conoce bien sabe donde un día, cuando llegue el momento, quiero descansar para siempre. En algún lugar entre la boya del Reviro de Mazagón y la boya de recalada de entrada al Río Piedras, donde me he sentido plenamente feliz muchos días de mi vida.


           ...Gracias