martes, 27 de febrero de 2018

Traslado del Mar de Alborán hasta Rota 160 millas

 Tal como comenté anteriormente, el barco lo compré en La Caleta de Vélez, en Málaga y tenía que trasladarlo hasta Rota en Cádiz. 160 millas
 Decidí hacerlo por mar para ir familiarizándome con el y  así también evitar el engorro de sacar el barco del agua, quitarle el palo y todos los inconvenientes que eso conlleva. El viaje se me planteaba con varios impedimentos.


  1. No conocía bien el barco. Sólo navegué media hora con el cuando fui a verlo.
  2. Estaba en plena temporada fuerte de trabajo y no tenía cabeza para pensar mucho en esto.
  3. No conocía las aguas de Málaga ni sus puertos, nunca había navegado por ellas. y mucho menos aún el estrecho de Gibraltar. 
  4. No sabía si podía contar con tripulación.
  5. No sabía muy bien como iba a volver luego al puerto donde había dejado el coche.
  6. Algunas otras cosas de menor importancia.
...no soy de pensarme mucho las cosas, así que me hice la idea y fui a por el.

 Me hice un cuaderno en el que apunté todos los puertos de la costa y las distancias que hay entre ellos de toda la costa entre La Caleta y Rota. Teléfonos, direcciones, correos...etc




















 Me hubiera gustado hacer el trayecto en días seguidos pero eso era inviable por temas de trabajo.
 Busqué trayectos de 40 millas aproximadamente que en una jornada se recorren bastante bien y otra cosa que me sirvió mucho fue entrar en un grupo de Whatsapp llamado "Cofrades de La Axarquía Málaga" liderado por Benjamín que me ayudaron mucho a conocer las costa de Málaga dándome consejos y sitios a evitar, además de estar pendientes de mi en todo momento.

1º Etapa: 1 de Julio 2017, La Caleta de Vélez-Marina La Bajadilla (Marbella) 49 millas

El día anterior a la salida me cité con Antonio el antiguo propietario. Ultimamos los detalles de última hora, le pagué el barco y arreglamos los papeles. Fui a comprar algo de comida para el día siguiente y preparar el barco para la salida. Benjamín y su mujer vinieron a despedirme y nos fuimos a tomar un café.
 Eran días de fiesta en el pueblo. Aparcar el coche era imposible, estaba mas pendiente de buscar un aparcamiento correcto para dejar allí el coche que de los preparativos naúticos, y eso me pasaría factura tal como se verá mas adelante.

 El barco lo compré con dos motores fueraborda. Uno eléctrico TORQUEEDO y otro de gasolina, un HONDA 8cv 4t. Antonio me preguntó que motor deseaba tener instalado en el espejo de popa, le indiqué que el de gasolina. Yo el motor no lo había probado, sólo la tarde anterior antes de la partida, pero Antonio me aseguró que estaba en perfectas condiciones y pasadas sus revisiones de mantenimiento.

 Este trayecto lo iba a hacer en solitario, el primero y sin conocer el barco ni el motor, casi nada. Ya se que es del todo una imprudencia, pero no tenía mas remedio por lo que antes comenté y por que había que dejar el atraque libre si o si. Antonio me miró con ojos como platos sorprendido de mi arrojo y me deseó toda la suerte del mundo, a lo que yo enseguida le pregunté: "Antonio, ya te he pagado el barco, el barco ya es mío y sin vuelta atrás. Por favor, si algo sabes que pueda dar una sorpresa en el camino, ya sea motor, casco o velas, por favor dímelo antes" Me contestó con toda rotundidad que no.






Un plato de Rosada frita en el Restaurante del Puerto para cenar y a dormir. Por la mañana había que salir temprano, por delante tenía 49 millas.









La fiesta duró hasta la madrugada. Entre esto y los nervios por salir, no me dormí hasta tarde






 A la mañana siguiente me desperté temprano e hice el ritual que hago siempre en mis travesías. Un tipo de superstición náutica que choca con lo normal en un marinero. Ducha, afeitado, perfumado, peinado y maqueado como si fuera a buscar a la novia...no se?, eso me da seguridad.

 Arranco el motor a la primera, últimos preparativos y a huir!





Amanece en La Caleta









 Salgo por la calle y me encuentro con el 
RESACA DOS, el barco de un amigo que recien-
temente había vendido








Saliendo por la bocana sobre las 08:30h, dejo el puerto pesquero por babor y estribor. Increíble la luz y los colores de Málaga





Poco a poco se me iban soltando los nervios de la salida. La ruta establecida en el NAVIONICS rumbo a Marina La Bajadilla en Marbella. Salí del puerto y me encontré con un mar azul y en calma a primera hora de la mañana. Una preciosidad.

 Adiós a la Caleta...


 Pasados unos 45 minutos, de pronto y sin venir a cuento el motor se paró. Dios de mi vida!! ¿Y ahora qué? Esta situación compromete toda la travesía, me quedaban muchas millas por delante y encima ahora no hacía viento.
 Trato de arrancarlo y nada, no hay manera. Llamo a Antonio para consultarle pero el hombre naturalmente me dio los consejos lógicos...mira la manguera, el hombre al agua...etc. Nada! De pronto en uno de los intentos, el motor arrancó y desde aquello, el motor no volvió a fallar en todo el camino ni en todo el tiempo que tengo el barco. ¿Qué fue lo que pasó...? Pues ni idea ¿Suciedad en la gasolina, aire, el respiradero del depósito cerrado...? No lo se.


 Sigo mi marcha tan campante disfrutando de la mañana y haciendo repaso de todas las cosas que quiero hacerle al barco en el futuro, mejoras, cambios...etc.
 El piloto automático funciona a la perfección, así que me entretengo en improvisar una red en los candeleros de proa. El Génova es de garruchos y para evitar que se me caiga por la borda prefiero colocar una driza a modo de rejilla.
















  Sigo feliz disfrutando ese imponente mar azul cuando al cabo de un buen rato, la segunda sorpresa. Dije anteriormente que el estar pendiente del coche me pasaría factura, pues así es. Veo con horror que el principal preparativo que hay que tener en cuenta al salir a navegar, se me había olvidado. ¿El qué...? Pues nada mas y nada menos que la gasolina!!! La tarde anterior, con el "ya iré, luego voy, cuando mueva el coche..." se me pasó por completo. Miro horrorizado al depósito de gasolina y veo que le quedan apenas dos dedos.
 Iba navegando a la Francesa por la falta de viento, de modo que eso no me daba para nada. Miro en mi cuaderno de apuntes y veo que el puerto mas cercano es el del Candado que en ese momento estaría como a unas seis millas. Llamo por teléfono para ver si disponen de gasolinera pero no hay manera de que me cojan el teléfono. Por el canal 9 UHF tampoco me responden. Llamé entonces a Benjamín que el hombre se me ofreció para todo lo que necesitara para preguntarle si había gasolinera el El Candado. Me dice que sí pero que a veces no está disponible y que el calado para entrar en El Candado es justito!. De hecho, Fernando me confirmó que hacía días estaba cerrado por falta de calado. Ni corto ni perezoso, Benjamín me dice: "...ahora mismo cojo el Clarín y te llevo gasolina" El Clarín es su barco, una LEMA Force. Ya estaba bastante lejos y mientras el compraba gasolina, mas lejos aún iba a estar. Acordamos que si no encontraba solución optaríamos por esa opción. Finalmente conseguí comunicar por el canal 9 con el marinero y me confirmó que la gasolinera estaba abierta pero que el calado de entrada rondaba los escasos 2 metros. Mar de Alborán cala 1,38m, conque ya os podéis imaginar el susto para entrar.

 Pues nada, rumbo a El Candado. Un puerto pequeñito muy coqueto. Llegué a la bocana, el fondo se transparentaba como un cristal, pensaba que en cualquier momento rozaba en el fondo. Me amarré al pantalán de espera donde estaba el surtidor ayudado por el marinero, saqué todas los bidones que llevaba para llenarlos. El surtidor era de tarjeta, no admitía efectivo y no se por qué mi tarjeta no funcionaba. Finalmente lo conseguí ante la impaciencia de varios barcos que querían ocupar mi puesto para repostar. Mismo susto para salir, afortunadamente no hubo incidentes. El marinero muy amable en todo momento, incluso me ofreció la posibilidad si así lo deseaba de usar las instalaciones del puerto para sacar el barco o lo que quisiera. Le di las gracias y le indiqué que iba para Rota. Me miró desconfiado cosa me dio mal rollo.





Tracé de nuevo la ruta a La Bajadilla y saqué velas. Se había puesto un viento maravilloso que me entraba por la aleta de babor y marchaba feliz a unos 5 nudos.

También tuve que improvisar una sombrilla por que el sol daba fuerte. 

Aproveché el momento para comer algo.









Así fueron pasando las millas. Málaga, La Térmica.
 A las 13:45h estaba frente al puerto de Málaga.
Torremolinos y Benalmádena. Benalmádena era una primera opción dependiendo de como fuera el trayecto ya que en Fuenguirola no había atraques disponibles, de hecho había reservado atraque allí por si acaso.







 A las 15:20h estaba entre Torremolinos y Benalmádena a 1,6 millas de la costa.


Al pasar a la altura de Benalmádena iba muy bien de tiempo pero el viento empezó a caer, decidí continuar, así que llamé para eliminar la reserva y seguir adelante. Pasado Benalmádena empezó a subir el viento.








Faro de Calaburras





 Pasado Fuengirola, mas adelante doblé La Punta de Calaburras, Mijas.








Iba disfrutando de lo lindo y con el apoyo y los consejos constantes de mis amigos a través del Whatsapp, tanto los de La Axarquía como los de Pequeñas Esloras de la Bahía de Cádiz a los que dediqué esta foto.










A las 18:10h, había pasado la Punta de la Torre Nueva. A unas 10,5 millas de La Bajadilla










 Continuaba en popa y cambiando la sombrilla. El sol pegaba de lo lindo.




 Próximo puerto anotado Cabopino al que Carlos IKOTA me recomendó ni acercarme. Al parecer no tiene calado ni para una piragua, así que descartado. A decir verdad lo tenía como emergencia por que mi destino rea ya La Bajadilla. Hubiera preferido el Puerto Deportivo de Marbella que estaba a poco mas de una milla ya que era mas barato, pero no disponían de plazas libres.
 Para entonces ya hacía rato que el viento lo tenía de popa y con media intensidad. Con todo y con eso, puse el motor en marcha a bajas revoluciones para estabilizar mas la marcha y acelerar un poco. Quería llegar con tiempo ya que no conocía el puerto ni las instalaciones. No me apetecía llegar sin luz.







Ya a la altura de Cabopino se divisaba Marbella.






  

La costa era un continuo paisaje de edificios y urbanizaciones.





Torre del Cable
Desde Cabopino hasta Marbella, NAVIONICS indica que hay que dar bastante resguardo para evitar obstáculos cono La Torre del Cable, algunos bajos y granjas de peces. Carlos, buen conocedor de la zona, me indicó una ruta mas directa basada en puntos de la costa y veriles y así ahorrar tiempo y distancia. Esto es lo que me indicó "Una vez pasado Cabopino, puedes apurar hasta el veril de los 7/10 metros sin riesgo alguno. Puedes pasar con toda tranquilidad entre la piscifactoría y la torre". cuando pases a la altura de la bocana se reduce el calado a 3 ó 4 metro según el rumbo que llevas, no apures mucho mas". Pepe me lo confirmo ya que el hacía buceo en la zona.

 Con un equipo así de interesado en todo momento por mí se va muy confiado por zonas que uno desconoce. Bromeábamos diciendo que yo parecía Fernando Alonso y ellos el equipo de mecánicos hablándome por radio.

 La llegada a Marina La Bajadilla fue en popa cerrada y como siempre que llevas esta dirección, no eres muy consciente del la intensidad del viento que hace ni apenas del oleaje. Ponerme proa al viento, que ya a esa hora había subido bastante para bajar vela fue un poco dificultoso.  Principalmente por que nunca lo había hecho en este barco, era la primera vez y además llevaba génova con garruchos, lo que me obligaba a ir a proa para bajarla. Posteriormente caí en ponerle una cargadera y así hacer mas fácil la bajada en solitario, pero vaya, se sorteó sin mayor problema.
 La entrada no es complicada y está bien señalizada, pero un velero estaba entrando antes que yo y me limité a seguir su estela. Avisé por radio y un marinero me estaba esperando para mostrarme el atraque asignado. Me equivoqué de calle y tuve que volver hacia atrás impresionado por los aspavientos y griterío que me hacía el marinero con las manos. Pareciera que se hubiera fumado algo o que yo me dirigiera a alguna zona prohibida o llena de minas...?
 Lo que pasa en estas fechas. No hay atraques disponibles para mi eslora, por lo tanto me tienen que colocar en atraques de 10 metros, el F19 y pagar como tal, en eso la APPA no tiene compasión ninguna. 19,40 € diarios posiblemente con un descuento que luego se convirtió en una miseria.

 Siguiente episodio trágico-cómico; El amarre.

 Yo nunca había navegado por el Mediterráneo y menos aún atracado en sus puertos. A diferencia del Atlántico, allí no hay mareas o son casi despreciables, por tanto, los amarres son distintos. Los pantalanes son fijos de hormigón y no hay fingers a babor o estribor. Se amarra de proa o de popa, bastante separado del pantalán, y coger una especie de cabo asqueroso lleno de fango que está anclado al fondo del puerto y que te deja el barco hecho un Cristo de suciedad que suelta aquello. El que está acostumbrado lo hace con mas o menos soltura pero para mi que aquello fue lo mas divertido que pasó en el puerto ese día. Menos mal que conté con la generosidad del marinero y los patrones de los barcos vecinos que no se muy bien si fue por ayudar o por evitar un porrazo con sus barcos vista mi ignorancia en materia de amarre Mediterraneo. En fin, aquello quedó amarrado y de fango hasta la punta del palo.
 El segundo acto del amarre es mas bien un acto de fé y de encomendarte a todo en lo que creas. Yo atraqué de proa. Para saltar al pantalán, primero hay que acercar el barco tirando de las amarras de proa mientras estás agarrado al stay y con los dos pies en la regala por fuera del balcón de proa. Todo esto contando con que el cabo fangoso amarrado en la cornamusa de popa te está tirando del barco en sentido contrario, por lo que cuando la proa se acerca al pantalán, aquello es como un muelle, sólo tienes una oportunidad, hay que dar un salto rezando por acertar a la primera y no dejarte la dentadura por el camino. Esto se dificulta aún mas cuando llevas bolsas o enseres para meter a bordo. Vaya, que te la tienes que jugar!!!















 A las 20:45 ya había realizado todo el papeleo con el marinero y había charlado con varios vecinos que vinieron a conocerme. En especial Pablo, Argentino, un tipo generoso que se brindó en todo momento para cualquier ayuda. Cambió su casa y se fue a vivir al barco junto con su novia, algunos Argentinos siguieron sus pasos igualmente.
 También a Pepe y Mª José. Un matrimonio jubilado con un velero dos plazas a babor de donde yo estaba que vinieron a presentarse, interesarse por mi y me invitaron a que los acompañara a cenar con ellos. Compartimos charla y luego un buen paseo andando hasta Puerto Banús.

 Finalmente, al día siguiente Domingo tenía que buscar un transporte para volver a La Caleta a por el coche. Benjamín se ofreció nuevamente  a venir por mí, pero no era plan de hacerle recorrer tantos kilómetros un Domingo, de modo que opté por una solución barata. Mi amigo Tonino me había hablado de la aplicación BlaBlaCar. Me la descargué en el teléfono y me recogió una pareja joven que resultaron ser Rusos y que iban a hacer buceo a Nerja. Fueron muy generosos y me acercaron hasta el mismo puerto de La Caleta, lo que los desvió de su camino al menos 6 km. Tuvinos una charla muy interesante sobre sus trabajos y su peripecia para venir a España. Gente trabajadora!

 En fin, todo salió bien. Fueron 49 millas muy divertidas. En la próxima entrada al blog vendrá la segunda etapa: Marina La Bajadilla-Algeciras, 38 millas.













jueves, 22 de febrero de 2018

JEANNEAU TONIC 23

 He cambiado de barco. Con gran pena, he vendido a EOLO, un SPORTINA 620 de 20 pies con el que me inicié en la vela de crucero y que me ha dado tantas satisfacciones. Con el he aprendido mucho e hice varias travesías de cierta importancia.
 Mi amigo Luis empeñado siempre en que yo tuviera un barco de mayor eslora me pasó una interesante oferta de un JEANNEAU TONIC 23. 



 Tenía un precio muy interesante, bien equipado aunque con las velas muy castigadas. El barco estaba en La Caleta de Vélez, en Málaga. Fui a verlo y me enamoré de el al instante. Me llevó un mes aproximadamente vender el SPORTINA 620 y en seguida fui a por el. Su nombre "Mar de Alborán"
 La verdad es que ya llevaba una idea buena del barco. Álvaro González de Aledo, un tipo fantástico de Santander, con su barco "El Corto Maltés" dio la vuelta a la península ibérica cerrando el trayecto por el Canal de Midi en un barco igual. Yo me leí el libro hace un tiempo y ya sabía que era un barco de eslora pequeña pero perfecto para mi tipo de navegación. Posteriormente, Alvaro se hizo La Bretaña Francesa, la Isla de Elba y el archipiélago Toscano. No contento con eso, está preparando la vuelta a Francia.  http://cortomaltes2012.blogspot.com.es/

 Diseño de Phlillipe Harlés, JEANNEAU fabricó este modelo en dos versiones. Uno con quilla fija y otro con un quillote fijo y una orza abatible. Yo preferí el modelo de quilla fija buscando el máximo de estabilidad.





Eslora total: 7.30m

Eslora de casco: 6.90m

Manga de casco: 2.50m

Desplazamiento: 1300kg

Calado: 1.38m






 Tenía que traerlo hasta Rota en Cádiz. Pensé en traslado por carretera o por mar. Finalmente opté por mar por aquello de ir conociendo el barco y por evitar el engorro de bajar el palo, grúa...etc.
 Tampoco el traslado por mar fue fácil. Me pilló en plena temporada alta de trabajo y no disponía de tiempo para ocuparme del asunto, pero al final lo hice. 

 En la próxima entrada viene un pequeño relato del traslado desde La Caleta de Vélez hasta Rota en cuatro etapas.




domingo, 21 de mayo de 2017

EL SPINAKER. La vela olvidada

Compré el barco en 2011. Venía equipado al completo. Con vela mayor, génova, sonda de profundidad, piloto automático...etc . Pero con todo ese equipamiento venía una bolsa de color naranja donde el antiguo propietario me dijo que estaba el Spi.
 Bueno, pues tal y como me la dio la cogí y la guardé en el fondo del armario de los trastos y el tangón por ahí dando la lata. Nunca me preocupé de esta vela auxiliar ya que casi siempre navego sólo y me parecía un engorro poner otra vela adicional para un sólo tripulante con todas sus escotas, contra, driza, amantillo...etc.
 No sacaba un Spi desde que tenía de joven un 470. Un barco maravilloso.



























Bueno pues resulta que hace un par de meses, sin venir a cuento me dio por abrir esa bolsa naranja de donde saqué una vela en dos colores verde y amarillo. Empecé a sacar vela y aquello no paraba. Un Spí clásico tipo balón de tejido muy fino de 25m2 toda arrugada y acompañada de las correspondientes escota, braza y contra.

...¿Por que no probar a poner el Spi y experimentar con esta vela? Pues así lo hice, agarré la bolsa y me fui al puerto una tarde que hacía poco viento a montar el Spí y probar la maniobra del palo que estaba igual de olvidada que la vela. Probé diferentes combinaciones y después de algunas consultas, me llevé la braza y la escota hacia popa colocando allí un par de poleas.


































































 Una vez comprobada que la maniobra funciona correctamente ya solo queda probarla en el agua.
 No me he complicado mucho la vida en lo relativo a la maniobra completa del Spi. He prescindido de varias cosas ya que como he dicho anteriormente casi siempre navego en solitario.
 Prescindo de los barbers y del amantillo. Para un reglaje perfecto del Spi serian necesarios estos aparejos, pero he comprobado que no son del todo determinante. También he prescindido de momento de una bolsa adecuada para meter y sacar la vela. Esto si lo quiero hacer, te facilita mucho la maniobra, la vela sale mas ordenada. De momento la saco y la meto por el portillo de proa.



SPINAKER from Leopoldo Alonso on Vimeo.


 Para hacer esta maniobra en solitario, es imprescindible contar con un piloto automático. Es muy importante mantener el rumbo fijo para evitar trasluchadas imprevistas que te pueden poner en un serio apuro mientras practicas la maniobra de arriado. Yo lo pongo en un rumbo entre popa redonda y la aleta, así me aseguro no trasluchar y me resulta mas fácil sacar el Spí y colocar el tangón. Siempre con un viento medio flojo Mas menos ya se antes de sacarlo a la medida que tengo que cazar la escota y la braza.

 Ayuda a entender mejor la maniobra del Spí los apuntes de náutica de Kike Kariger que lo tiene incluido en su blog. Muy útil de consultar y que aquí dejo el enlace.

http://nauticakike.blogspot.com.es/2011/12/el-spinnaker-o-espi-tras-una-breve.html

 Como resumen, se trata de una vela maravillosa a la que no puedes dejar de atender en ningún momento pero que ta muy buenas sensaciones. Es increíble sentir como el barco experimenta una aceleración en el momento en que cazas la braza.

 Un saludo





martes, 25 de agosto de 2015

2ª Travesía El Portil - Rota

 Al igual que el verano pasado, me planteé de nuevo llevar el barco desde mi base de El Portil en el Río Piedras hasta Rota.
 A diferencia del pasado año que fué sólo con la intención de pasar el verano y volver, esta vez quería cambiar de aires una temporada. Es por esto que hice un contrato anual en el puerto de Rota para dejarlo allí todo el año.  Mi pequeña eslora se metía otra vez en una travesía larga.

 Está claro, que todo tiene sus ventajas e inconvenientes. Rota está en la bahía de Cádiz. Un lugar bonito y con mucho ambiente náutico. Varios sitios donde recalar o ir a comer. Un puerto el de Rota, bastante simpático, metido en el pueblo y además sin las temidas corrientes cuando baja o sube la marea.
 Por otra parte, dejar Huelva me da mucha pena. Los paisajes y playas de Huelva no tienen comparación. El mar es mejor para navegar y los fondos son todos de arena, te puedes acercar a cualquier playa sin miedo a las piedras y si tu barco lo permite, llegar hasta las misma orilla. Además, nací y me crié náuticamente hablando en sus costas.

Por eso, puesto en pié en la proa me fui de allí gritando a los cuatro vientos ..."Volveré. Seguro que volveré!!"

 El año pasado la hice en solitario, excepto el tramo El Portil-Mazagón que me acompañó mi amigo José Antonio. Ida y vuelta. Este año, se quiso sumar a la travesía mi amigo Antonio de La Cruz. Un buen amigo desde la época del bachillerato.
 Conocimientos naúticos de Antonio, cero. Horas a bordo de un barco de vela, casi cero, pero con una voluntad y unas ganas tremenda. Muy ilusionado con la travesía, me llamaba todos los días desde hacía un mes al objeto de planificar el traslado y recordarme que no me olvidara de él por nada del mundo.
 Como digo, un tipo estupendo, pero con sólo un defecto...habla muchísimo!!!! Por los codos, no hay quien lo calle. Tal vez creo yo que eso lo privó de contemplar lo grandioso del paisaje, la inmensidad del mar que íbamos atravesando y la aventura en que nos embarcábamos.

 La travesía se haría en dos etapas en fin de semana. El Sábado haríamos El Portil - Mazagón y el Domingo Mazagón - Rota. Tuvimos que aplazar la primera intentona debido a que el tiempo y el viento no eran propicios para el rumbo que llevábamos . Lo aplazamos para el  siguiente fin de semana, cosa que mosqueó a Antonio que pensaba que era una estratagema para dejarlo en tierra.

 Sábado 29 de Julio de 2016. Salimos desde Sevilla hacia El Portil. Necesitábamos un chófer que nos llevara y que luego se trajera el coche de vuelta. Contar con amigos es maravilloso. Tonino, un gran tipo, amigo desde hace unos meses que lo conocí se brindó amablemente a llevarnos sin dudarlo un momento cuando se enteró que la idea era coger el autobús.
 Hay gente que sabes que siempre puedes contar con ellos. Apasionado de la náutica y con unas ganas de vivir tremendas, Tonino se ha convertido en un referente, en un amigo que siempre está dispuesto para una cerveza, charlar y solucionarte algo. Lástima que no pueda corresponderle siempre...

 Llegamos al puerto, embarcamos las bolsas y demás cosas a bordo y salimos pitando río abajo hacia la salida a mar abierto. Tonino se marchó a Sevilla, pero con pena por no venir con nosotros.
























 Bajando el Río Piedras. Vela Mayor y medio motor





Salimos a mar abierto y nos hicimos la foto de rigor para conmemorar la partida. Antoñito se me presentó para la travesía  ataviado con sombrero Panameño y zapatitos de piel recién embadurnados de crema que me dejó un bonito recuerdo en todo el barco en forma de un color marrón oscuro. Él quería ir guapo para la ocasión.
 Al poco tiempo le hice ver lo bonito que era su sombrero, pero lo peligroso que resulta en un velero cuando sopla viento. No tardó mucho en darse cuenta y en ponerse uno que yo tenía con barbuquejo.

























 Con este porte, pusimos rumbo directo al faro del espigón de Mazagón. La travesía iba discurriendo entre charlas y anotaciones que Antonio iba tomado en una libreta sobre aprendizaje náutico. Tan dispuesto, se empeñó en aprender navegación y términos naúticos durante la travesía.



El viento era genial. Un rumbo abierto de unos 7 nudos que se convirtió en un través con el paso de dos horas.





 






 Entre charlas y aperitivos fueron pasando las millas. No había prisas por llegar. Pasamos la entrada en Punta Umbría y continuamos recto hacia la punta del espigón de Mazagón. Aproximadamente, 6 millas nos separaban. Cuando llevábamos 1,5 millas pasado Punta Umbría, aquí vino lo bueno!!
 No estaba previsto y tampoco se le vio venir demasiado, aunque no se por qué, yo venía notando y viendo en el agua algo raro. Sería intuición pero ya tenía metido un rizo en la mayor cuando llegó.
  El viento cambió al Sur y se puso con una intensidad que no era normal. Yo diría que en torno a 27 nudos, acompañado de una ola con rompiente.
 Mi barco es de eslora pequeña y con una superficie de vela generosa, así que este viento es demasiado para el. Tuve que meter el segundo rizo y aún no fue suficiente, tuve que enrollar el génova casi a la mitad.

 Rumbo de ceñida aunque no muy rabiosa. El barco se comportaba maravillosamente. Me seguía sobrando superficie de vela, que iba compensando abriendo un poco la mayor. No mucho, puesto que necesitaba algo de velocidad para compensar la ola que me entraba por la amura de estribor y que además venía con rompiente. Se puso un poco feo, pero como suelo decir muchas veces, "... si el barco aguanta, yo aguanto".

Génova enrrolado y salpicones ciñendo

...quillo!!! ¿Esto es normal?... ¿Tú estás bien?...¿Tú estás preocupado o vas bien? Si va a pasar algo, ¿tú me lo dirías...? ¿Se va a romper el barco...? ¿Si nos hundimos pasa algo?
 La cara de Antonio era todo un poema!!! Parecía un camaleón con cada ojo puesto en dos sitios a la vez. Uno en mí y otro en el mar que venía. Obviamente estaba el hombre fuera de su ambiente, aunque algo ganamos, la preocupación por la situación lo tranquilizó un poco y le hizo olvidar el bombardeo al que me tenía sometido con los apuntes naúticos en su libreta. Eso si, no me quitaba ojo buscando seguridad, buscando en mi cara y mis maniobras la seguridad que él necesitaba ver...y la verdad es que se puede decir que yo que iba disfrutando como un loco...!

 Así continuábamos camino hacia el faro del espigón de Mazagón donde doblaríamos la punta camino al puerto deportivo.

 Doblamos la punta. De pronto entramos en esa zona tan maravillosa para la navegación que es la ría de Mazagón. La entrada al puerto de Huelva de los mercantes. La protección que ofrece el espigón es extraordinaria para la navegación a vela o a motor. Aquí dejamos atrás el viento y las olas y entramos en zona de aguas tranquilas directo a la bocana del puerto. Le dejo a Antonio la caña mientras yo bajo las velas coloco las defensas en ambas bandas y preparo los cabos de amarre  a babor para atracar en el pantalán de espera.


Antonio a la caña


Llegada triunfal a Mazagón




















 Papeleo de rigor en la oficina y directo al pantalán asignado. Elegí uno de  mas eslora, aunque tuve que pagar mas cantidad pero que estuviera mas cerca de la zona de bares y aseos. El puerto de Mazagón es muy grande y la zona de pantalanes que correspondía a mi eslora estaba bastante lejos de las zonas comunes.
 Organizamos un poco el barco y las neveras. Antonio venía con un severo dolor de contractura que me había ocultado y que le martirizaba desde hacía un par de días, pero como  no quería perderse el viaje, no me lo dijo hasta el mismo momento de salir.



















 Yo me empeñé en ponerle una pequeña inyección para aliviarle las molestia, pero no se dejó...




 Después de una buena ducha y descansar un rato, nos fuimos a cenar al bar del puerto de Mazagón. Una noche muy agradable. Cerveza y pescado para cenar amenizado con un grupo de flamenquito.


 Después  de esto nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos esperaba bastantes horas de navegación. Siempre me cuesta conciliar el sueño sabiendo que al día siguiente hay una larga navegación, así que el sueño llegó tarde.

 La noche fue tranquila. Sólo hubo un sobresalto de Antonio que se despertó a media noche pensando que había alguien encima del barco por que se movía. Era yo que había salido por la escotilla de proa que me estaba meando

A las 07:00h nos despertamos. Ducha, aseo y desayuno. Compra de hielo y nos pusimos en marcha sobre las 08:20h. Amaneció algo nublado y con un viento muy suave. de componente sur.












  El viento era demasiado flojo, Avanzábamos con la mayor izada y medio  motor.
 Al cabo de una hora y media salió el sol y el viento aumentó, lo que nos permitía una navegación cómoda con ambas velas izadas.





Al mismo tiempo que nosotros salió de Mazagón un barco Alemán con una
familia a bordo. Igual que nosotros llegó a Mazagón la tarde anterior. Partió de Mazagón algo mas tarde que nosotros e igualmente llevaba rumbo dirección Cádiz. Finalmente recaló en Rota
Se alejó mas de la costa que nosotros e hizo todo el trayecto a motor, cosa que no comprendo puesto que el viento era muy cómodo para ir a vela.

 Así fue pasando las horas. Antoñito seguía empeñado en aprender los términos naúticos y el trimado de velas. No paraba de garabatear en su libreta los conceptos que a su manera iba entendiendo. Así se distraía hasta que de tanto escribir apareció un visitante inesperado y al que nadie le invita a bordo. "El mareo"
 No fue muy fuerte, pero como el hombre no está muy acostumbrado tuvo un momento delicado. Aquí si que me empeñé en explicarle bien lo que era barlovento y sotavento por si acaso ocurría lo que ya sabemos. Afortunadamente no fue necesario.




 El día era espléndido, me hubiera gustado algo mas de viento. El sol no daba con mucha fuerza, pero ya se sabe lo que pasa tantas horas al sol, así que puse el toldo para aliviar un poco.






Seguimos avanzando. Dejamos atrás Matalascañas e íbamos por terreno del Coto de Doñana. Es la zona que mas te separas de la costa, 9,5 millas si haces un trayecto recto desde Mazagón a pasar el bajo de Salmedina por fuera.
 Poco antes de llegar a Chipiona, mi cabeza iba a estallar...Antonio no había parado de hablar en todo el camino. Mas de seis horas sin parar!!!! Agotador!!!. Sus apuntes eran un caos de garabatos y anotaciones. Confundía estribor con proa, barlovento con ceñida, escota con génova...HORRORRRRRRRRR!!!!!!

Entonces se me ocurrió una idea malvada.

"Antonio, estamos entrando en la zona de la desembocadura del Guadalquivir. Aquí hay mucha vigilancia de las patrulleras de la Guardia Civil, así que hay que ponerse el chaleco salvavidas y estar muy atento"
 Me acordé que tenía un chaleco que se te sube tanto al cuello que me dije "Este se va a agobiar con el chaleco y ya verás como relaja la lengua" Dicho y hecho! Se relajó y la cogió con el teléfono.











                 Antonio y su chaleco











 Continuamos la marcha, pasamos Salmedina y nos saludaba Chipiona. Ya estamos cerca...



 Seguíamos a vela costeando Costa Ballena, Punta Candor, Virgen del Mar, La Costilla y dirección al Puerto de Rota.








Quería amarrar al muelle de la gasolina para subir a las oficinas y tramitar el papeleo, pero resulta que estaba repleto de barcos, entre ellos, el barco Alemán que salió de Mazagón junto con nosotros.















 No importa, como ya tenía la reserva hace tiempo, me fuí directamente al pantalán que tenía asignado. En el breve trayecto desde la bocana hasta el amarre, nos saludaban amigos y familiares de Antonio que tienen barcos en Rota. Veleros extraordinarios.
 Una vez amarrados al pantalán, organizamos un poco el interior y fuimos a hacer los tramites de rigor y a saludar a los amigos y a Inma, la mujer de Antonio que nos esperaba allí.
 Esa noche dormí en el barco y Antonio se fue para Sevilla.






 Allí amarramos y allí terminó nuestra aventura. "Eolo" que así se llama mi barco había cumplido una vez mas y sin quejarse para nada, nos había traído con nobleza marinera y buen navegar hasta nuestro destino. El sabía, por que yo le hablo de vez en cuando, que su nuevo hogar iba a ser Rota. Ya lo conocía puesto que el año pasado me había traído a principios de Agosto y luego me llevó de vuelta a Huelva en Septiembre. Recorrimos juntos la Bahía de Cádiz durante el tiempo que estuvimos allí y la disfrutamos a diario. Ambos nos enseñamos mutuamente como son las aguas de esta zona y el ambiente que aquí se respira...de momento, aquí nos quedamos.




Nota: Antoñito, te quiero. Lo pasamos bien, eh?